Monday, September 3, 2012

1 a 1

La semana pasada el equipo de baseball de Veracruz resultó campeón de la liga nacional. A mi padre le hubiera gustado ver eso; él era de Veracruz. Ojalá hubiera vivido para verlo.

La semana pasada a un candidato proveniente del PRI le fue entregada la validación que le confiere el grado de Presidente de México. A mi padre le hubiera destrozado ver eso. Afortunadamente no lo tuvo que vivir.

Así que 1 a 1, papá. Te quedas donde estas.

Friday, August 31, 2012

Sileno.

Como algunos de ustedes saben, en temas de educación universitaria soy prácticamente un catador. Salto de escuela en escuela, universidad en universidad buscando cinco clases juntas que no me aburran lo suficiente para cuestionarme el porqué decidí registrarme y terminar abandonando.
Una de esas escuelas hace dos años fue Psicología de mi universidad local. Allí dejé algunas cinco amistades dignas de conservar y de esas cinco terminé conservando realmente dos.
Una particularidad que tenían los catedráticos de Psicología es una habilidad admirable por formular cuestionamientos que pisen el suelo lo menos posible: "¿existen los colores?", "¿qué mide lo que es bueno y lo que no lo es?", "¿qué había antes de dios?" y mamadas por el estilo. Yo en lo particular no lo sufría porque los docentes y yo nos dábamos mutuamente el guiño de saber que lejos de ser preguntar serias, eran preguntas para joder a los presentes. Hay que ver las tonterías que salen de la boca de los jóvenes para ser del agrado de un maestro.

A una amiga que tengo aún en Psicología le pidieron un ensayito que gira alrededor de la pregunta (mamona por igual) "¿Qué hace que la vida valga la pena?", así que la pobre se ha dedicado a recolectar respuestas para compilarlas y satisfacer no se cuál necesidad de no se cuál maestro. La pregunta me viene en mal momento, claro, considerando que hace justo una semana renuncié a mi empleo olímpicamente por una cuestión de honor, dignidad  y ética. Una escena de sit-com americano. Bruce Willis dejando la placa de policía en el escritorio, vamos. Excepto que a éste Bruce Willis no le regresan la placa porque al final se enteran que dejó un desmadre financiero.

Vuelvo a lo de la pregunta tonta. Para no arruinarle la asignatura y convencerle a sus 19 años de que la vida no vale la pena (hombre, que se entere ella sola) le pregunté qué respuestas había colectado hasta ahora y ninguna se salió de lo que tenía previsto: familia, amigos, salud, alguna posesión importante. Videojuegos. Fiesta.

Durante todo el tiempo que tuve mi anterior empleo constantemente me venía el pensamiento a la cabeza: "¿realmente queremos hacer esto, Jonathan?, ¿en serio vamos a permitir que dure mucho?". Poco después le tomé la palabra a mis pensamientos y Jonathan le mostró a Jonathan el momento adecuado para salir triunfalmente de un empleo que me tenía tan cómodo que no veía cómo iba a salir de allí algún día. Las libertades que me permití en esa oficina son tan amplias como irrevelables, pero al final del día siempre me pregunté "¿es ésto lo mejor que podemos hacer, Jonathan?".

Puedo tener las condiciones ideales de vida y aún entonces crear un drama de ello. El mes de Julio y su labio inferior dan fé.

"¿Qué hace que la vida valga la pena?" no me impacta de primeras como una pregunta realmente importante, pero sí me llama la atención las respuestas genéricas que provoca. Y creo que la gente contesta de esa manera tan insatisfactoria porque hemos aprendido a medirnos y clasificarnos en función de nuestras posesiones. Objetos con ciertas características que nos terminan haciendo felices. O en la mayor parte de las veces, infelices. Objetos que terminan enfermizamente volviéndose una extensión torcida de nosotros mismos. Objetos que poseemos y almacenamos hasta que nos dan los 40 años y caemos en cuenta que nosotros en algún sentido les pertenecemos a ellos más que ellos a nosotros. Ese sillón italiano de cuero oscuro te describe mejor que lo que te describiría tu esposa.

Es sencillo llegar a estas conclusiones cuando se conduce un coche modelo 2000 en el año 2012, así que no me den mucho crédito. Seguramente si esto lo estuviera escribiendo detrás de una Mac no le daría mucha importancia al "¿qué hace que la vida valga la pena?" y estaría ahora mismo viendo qué cosa con el logo de la Armani Exchange me puedo poner encima.

No soy un gran fanático de la vida (mi mejor argumento para mantener vivo a los amigos suicidas), pero algo que vaya que encuentro valioso es que la vida cambie tan constantemente. Esto funciona hacia ambos lados, claro, y si hoy estás pasando un gran momento te traigo noticias: la vida cambia, cabrón. Ya vendrán tiempos peores. Y por otro lado, si perdiste tu empleo, si te dejo tu novio, si tu amigo tiene cáncer tambien te traigo noticias: la vida cambia, cariño. Ya vendrán tiempos aún peores y valorarás tu salud y tu tranquilidad.

Esta capacidad de la vida de no tener un ritmo uniforme y derribarte planes cada dos semanas es algo que realmente encuentro alucinante en un sentido positivo. Un día estás estudiando una carrera y al día siguiente estás trabajando ocho horas diarias. Un día estas conduciendo un taxi y otro día estás dando clases de inglés. O desempleado desempolvando blogs.
Por esto es que vale la pena la vida: por cada gramo de satisfacción tienes que arrastrarte un kilogramo de dolor y sufrimiento. Pero sucede que la vida cambia con tanta regularidad que no te permite darte cuenta que mayormente es inmundicia y desesperanza.

Pero no vas y le dices eso a alguien de 19 años, ¿cierto?.




Thursday, November 24, 2011

Ni tan indignados.


Lo que escribo ahora lo hago desde una pequeña manifestación en Saltillo, Coahuila que tiene como fin emular el movimiento Occupy WallStreet que inició hace algunos meses y tuvo eco en distintas ciudades del mundo, resultando memorables los eventos suscitados en metrópolis como Barcelona, Oakland y Londres.
Saltillo, para quien nunca ha venido, es una ciudad ciertamente pequeña. Está en el norte de México y la población apenas rebasa el millón de habitantes. Si el lector ha permanecido atento a las noticias de los últimos meses sabrá para este entonces del escándalo que envuelve al ex-gobernador del Estado y el desaparecido monto de 34mil millones de pesos que inexplicablemente fueron adquiridos por medio de préstamo y cuya aplicación las autoridades no han sabido aún explicar.

 

No se los demás, cuando yo pierdo 100 pesos busco debajo de la cama, busco en el pantalón que traía ayer, busco en el coche y busco en cualquier otro lado básicamente porque perder 100 pesos me hace sentir incómodo. Me hace sentir torpe. ¿Cuánto más debe incomodarme si 34,000,000,000 de pesos en deuda deberán ser pagados por 1,000,000 habitantes, a razón de 34,000 pesos cada uno de ellos?. Para ser honestos, al igual que muchos de los que estamos aquí, yo no me había planteado seriamente la idea de venir aquí a expresar mi inconformidad hasta que me enteré del cómo habremos de pagar ese dinero faltante:

Pagaremos el doble en Impuesto sobre la Nómina además de un incremento brutal en los servicios estatales que ejemplifico a continuación:
  •    Hasta hoy, un acta de nacimiento costaba 19 pesos. El año que viene costará 60. El triple.
  •   Divorciarse hoy nos cuesta 194 pesos. En 2012 costará 520 pesos. Casi el triple.
  •   Morirse y que den fe de ello cuesta 15 pesos. En 2012 costará 50. Casi el triple.
  •   El pasaporte cuesta aquí 120 pesos. En dos meses más costará 1,000. El… ¿quíntuple?
  •  Abrir una taquería cuesta 2,000 pesos. En 2012 costará 15,000. Me faltan dedos para contar ya.
  •  Para agregar burla por encima de la ofensa, a partir de 2012 los poseedores de bicicletas hemos de plaquear nuestros vehículos y pagar una tenencia anual.

Por esta razón uno pensaría que los habitantes de Saltillo tenemos razón de sobra para sentirnos indignados y salir a la calle a levantar nuestra voz, pero la realidad es que aparentemente no. Un compañero que trabaja para prensa acaba de hacer un conteo informal y siendo benévolo de números habrá contado alrededor de 100 personas. Para gozar de perspectiva tocaría decir que Barcelona es una ciudad (sin contar zona metropolitana) de 1;500,000 de habitantes y durante su protesta llegaron a los 140,000 indignados.  Allá se protestó no por impuestos fraudulentos ni saqueos de escritorio sino por la necesidad de empleo. Acá protestar por empleo ni siquiera nos cruzó por la cabeza porque lo vemos con naturalidad. Nos conformaríamos justo ahora con que la deuda la paguen los que conservaron ese dinero y no nosotros.

“¿Porqué nadie vino?” - preguntó una de las organizadoras. Cada quien tiene sus teorías para responder y todas ellas son absolutamente respetables pero lo único que me queda claro después de este día es que si nos hubiéramos reunido para protestar el resultado del Márquez vs. Pacquiao quizás sí hubiéramos reunido 140,000 rabiosos indignados.

La invitación es la misma: vengan, acompáñenos, súmense a ese grupo de muchachos valientes que abrieron el grupo "Indignados Coahuila" en Facebook y reclamemos nuestros derechos con la Constitución en la mano.
(Aprovecho para enviar saludos a Michoacán, que pronto sabrán de qué hablamos.)